martes, 23 de diciembre de 2014

Tan hundido como el Titanic.

Lo di todo por ella, mi cabeza por dentro sabía que estaba cometiendo un error muy grande. Pero tonto de mí por hacer caso al corazón, un corazón que no se cansa de sufrir heridas muy graves. Ese corazón que tantas veces estuvo a punto de morir siguió pensando en que el amor eterno existe.

Qué decir de ella… que jugó con mis sentimientos una vez más, no era la primera que lo hacía, pero creí que esta vez iba a ser muy diferente. Pensé que encontraría a la chica especial que daría lo mismo por mí.

Esta historia empezó hace unos mese, cometí los mismo errores de cuando tenía quince años, pero no me daba cuenta o no quise darme cuenta… caí rendido a sus encantos, a sus palabras bonitas, a sus muestras de afectos… a sus mentiras. Todo este tiempo pensaba que realmente existía algo entre nosotros dos, pero me di cuenta que no, no existía nada, era una burla fantasía montada en mi cabeza.

Yo le prometí muchas cosas que las iba o las voy a cumplir, soy un chico de palabra y lo que prometo lo cumplo cueste lo que me cueste. Ella me prometió estar a mi lado, pero pasó el tiempo y nunca estuvo a mi lado.

Había días en los cuales las lagrimas salían solas, gota tras gota, quería hablar con alguien pero ella no estaba… nunca estaba. Mientras que cuando ella estaba igual me buscaba solo para desahogarse y nada más.

Cuando era feliz ni se dignaba en hablarme me tocaba a mí empezar la conversación, sus respuestas eran muy secas… “sí, no, jajaja, vale, como quieras, ¡Qué bien!” mientras yo me esforzaba para sacarles más palabras pero no podía. Por lo visto estaba tan centrado en ella que no me había dado cuenta que cada vez moría por dentro.

Pasaron los días sin hablarla y joder me sentía bien conmigo mismo, no quería que cambiara ese sentimiento, por un momento me sentía feliz. Viernes por la tarde recibo un mensaje “Te echo de menos” mi corazón empezó a latir rápidamente, leo el nombre de quien me lo ha escrito y que casualidad era ella, tonto de mi empezó a sonreír como si del mejor regalo se tratase. Le conteste “Yo siempre te he echado de menos” no recibí respuesta… “Estoy mal”… Ya decía que todo esta era demasiado perfecto.

Deje de sonreír como el idiota que soy

-¿Solo me hablas para eso?
-Eras a la única persona que puedo acudir cuando estoy mal.
-Lo siento mucho, pero ya no soy tan tonto como para estar ahí cuando tú no estás para mí.
-En serio, estoy muy mal. Estoy llorando.
Mente- No, (Insertar nombre), está jugando contigo solo te busca para eso, nada más. No la creas.
Corazón- Esta llorando se un caballero y ayúdala, esa es tu educación. No seas tonto, la vas a perder.
¡Joder! ¿Qué hago ahora? No, esta vez, la cabeza tiene razón solo me busca cuando está así, nada.
-Lo siento pero ya no soy aquel (Insertar nombre) que conociste. Ahora pienso solo en mis sentimientos, lo siento por ti pero es hora que te busques a otro al cual le puedas engañar.

Cada palabra que escribía salía una lágrima, no me había costado tanto escribir algo que realmente me saliera de tan adentro.

-Lo siento mucho de verdad. Soy una tonta por no haberte hecho caso tanto como el que me hacías tú a mí.

Por lo visto estaba jugando con dos chicos a la vez, yo era el tercero y no tenía ni idea. Me contaron que los dos le habían hecho daño, habían jugado con sus sentimientos, al igual que ella lo había hecho conmigo.

Antes de que pase todo esto recuerdo sus palabras “Mereces a alguien mejor que yo. No merezco la pena como las otras” Realmente tenía razón, pero no le hice caso, mis sentimientos mandaban en todo mi cuerpo.

Cuantas veces he de aprender que quien te quiere de verdad no te promete nada, lo hace porque el corazón se lo dice.

Fijaos que muchas veces le he dicho

-Oye, ¿vamos por sol a dar una vuelta?
-Lo siento, tengo que hacer asuntos familiares.
Otro día.
-Oye, ¿Voy a verte a tu casa?
-Lo siento, estoy con mis amigas.
Otro día.
-Oye, ¿Vamos a dar una vuelta donde sea?
-No puedo ya he quedado.

Infinitas excusas para después enterarme que había quedado con los otros chicos.

Mi corazón ahora mismo está roto como el cristal, diría que incluso esta peor que el cristal. Es que ya ni ganas de llorar tengo. Me he llevado tantos golpes que me da pereza curarme, levantarme y mirar hacia delante.


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